En la línea de ir desgranando algunas de las reuniones que he ido teniendo estos días, me gustaría hacer públicas algunas de las reflexiones que me suscitó el muy fructífero encuentro con la Asamblea del PIF de la UCM. Por si algún miembro de otro sector de la comunidad universitaria no lo sabe, el acrónimo corresponde al Personal Investigador en Formación, los investigadores más jóvenes de nuestra Universidad y por tanto el futuro de la misma en lo que se refiere a la creación de conocimiento.

Desde noviembre de 2010, en el que se les recortaron sus emolumentos un 5%, equiparándolos erróneamente con personal de la administración pública, se constituyó esta Asamblea que defiende los derechos y representa los intereses de estos investigadores jóvenes.

En la reunión que tuvimos recientemente no pude por menos que coincidir en la gran mayoría de sus planteamientos, compartiendo aquella reivindicación económica primaria que dio origen a su constitución en Asamblea. Hablamos de la conveniencia de incluir su figura como tal en el siguiente convenio colectivo de personal, así como de su incorporación a las ayudas que la Universidad ofrece a su personal a través del servicio de Acción Social.

Como les dije, no tengo suficientes elementos de juicio para aceptar de forma rotunda algunas de sus reivindicaciones, concretamente las de efecto presupuestario, dado que no conozco al detalle la situación económica de la Universidad, pero mostré la mayor predisposición a valorar como se merece a un colectivo que ha sido tratado desfavorablemente por el actual equipo de gobierno, dejándoles en la mayor precariedad.

Sin embargo sí puedo comprometerme, y así lo hice, a elaborar un Estatuto del Personal Investigador en Formación, con plenos derechos, e incorporarlo en alguna de las reformas que he demandado y realizaré, si soy elegido Rector, en los Estatutos de la UCM. La importancia de este personal, que significa el inicio de la carrera investigadora para nuestros estudiantes, así lo requiere.

Mi compromiso es decidido con aquellos que significan nuestro futuro inmediato y a medio plazo, más aún cuando el acceso a la carrera investigadora tiene que empezar por esa figura dada la progresiva minimización de la de los profesores ayudantes. En mi carrera profesional he dirigido más de treinta tesis, y más de la mitad de ellas, tal y como se puede comprobar, han sido de becarios de investigación. Sus reivindicaciones me resultan cercanas y me parecen sustantivas y necesarias.

Por último, quisiera expresar mi satisfacción por el mismo hecho de que se hayan constituido en Asamblea para defender sus derechos; es una actitud que crea Universidad y fomenta la democracia, justo lo que nos hace falta en estos momentos.