Permitidme que hoy dedique un post a un tema no relacionada directamente con las elecciones a Rector, pero que considero de una importancia simbólica sustancial: la conmemoración del Día de la Mujer Trabajadora.
Un año más, como corresponde, todos nos volcamos en celebrar y felicitar a todas las mujeres de la comunidad universitaria que han luchado, luchan y seguirán luchando por conseguir una universidad y por ende un mundo más igualitario. Una igualdad por la que han luchado muchas mujeres a lo largo de la historia de nuestro país, pero de entre las que sin duda nos viene muchas veces el mismo nombre a la cabeza: Clara Campoamor. Como la mayoría de vosotros sabéis, Clara Campoamor era titulada de Derecho de la Universidad Complutense, y defendió con un brillante discurso en las Cortes españolas de la Segunda República el derecho al voto de la mujer. Clara no cejó en perseguir ese objetivo, hasta que finalmente lo consiguió.
El 1 de octubre de este año se cumplen 80 años de aquel memorable discurso. Desgraciadamente, todavía queda mucho camino por recorrer para lograr la igualdad real entre hombres y mujeres. Un buen ejemplo es nuestra Universidad Complutense, donde hasta la fecha muchas mujeres no pueden superar lo que algunos llaman el “techo de cristal”. Son más en número, pero son menos visibles y ocupan menos cargos de responsabilidad, académica y también de gestión. Así se puede ver en los distintos decanatos o, sin ir más lejos, en este proceso de elección al Rector, donde nos presentamos seis candidatos por ninguna candidata.
La Universidad Complutense debe implementar medidas para favorecer la aplicación de la Ley de Igualdad, especialmente en lo referente a cargos de responsabilidad, composición de tribunales, etc. Además, la Oficina de Igualdad de la UCM no ha sabido o no ha podido adoptar medidas claras y contundentes en este sentido. No ha luchado por impulsar la conciliación entre la vida familiar y laboral, como en el caso de las escuelas de verano para los hijos de empleados de la Universidad. Además, con el sistema de puntos, el personal que acumula más antigüedad como funcionario en la Universidad es el más favorecido. No se trata de quitarle un derecho a ese personal, ni mucho menos, sino que el reparto sea mejor distribuido: los profesores o personal de administración más jóvenes son los que tienen hijos pequeños y necesitan de esas medidas, y el reparto actual es injusto en ese sentido.
Sólo en igualdad conseguiremos la Universidad y la sociedad que queremos. Porque sólo con todos se consigue llegar a buen puerto.