Como habéis podido leer hoy en las páginas de El País, me he visto obligado a volver a recusar al secretario general de la Universidad Complutense, el profesor Julio González, en su condición de secretario de la Junta Electoral, por hacer campaña expresa a favor del candidato Andradas, que es compañero suyo en el equipo rectoral. A través de un correo electrónico colectivo González alaba la candidatura de Andradas y pide la adhesión a ella a los destinatarios del correo. El dice que han sido 30. En cualquier caso, el número no es relevante: el hecho es que quien tiene que ser escrupulosamente neutral por razón del cargo que ocupa, se posiciona expresamente a favor de uno de los candidatos.

Lo que me sorprende del artículo de El País es que abiertamente el Prof. González reconoce el envío del mail, así como que “todo el mundo sabe que estoy con Andradas”. Pues precisamente esa circunstancia es la que le inhabilita para formar parte de una Junta Electoral que debería velar por la pureza del proceso electoral, sin tomar partido por uno de los candidatos. No debería ser necesario que yo le recusase: debería ser él directamente el que presentase su renuncia (“abstención” se denomina en la legislación administrativa).

Lejos de autoexcluirse voluntariamente, Julio González parece dispuesto a continuar en el cargo porque asegura que él no toma las decisiones en la Junta Electoral. Vaya que si las toma: para empezar la denegación de la oficina electoral que había solicitado, y que curiosamente le ha sido asignada al Vicerrector Andradas. Y eso que yo hice mi petición de esa sede públicamente, con testigos, ante el secretario general y en presencia de Andradas. No sé si es conocido por todos que, al inicio de todo este proceso, la Junta Electoral delegó en el secretario general la competencia para decidir en todas las “cuestiones de trámite”. El resultado es que en la práctica él es la Junta Electoral, a él nos tenemos que dirigir todos los candidatos y él toma las decisiones oportunas, reuniendo a la Junta “cuando sea necesario”.

Finalmente, Julio González asegura ser secretario de la Junta Electoral “por razón del cargo”, lo cual es rigurosamente cierto. Pero eso no le exime del deber de neutralidad en el ejercicio del mismo y, sobre todo, en caso de que se den las circunstancias previstas por la Ley de procedimiento administrativo (como es el tener interés personal en el asunto que se tramite), a que cumpla con su obligación de abstenerse de participar en ese órgano. Precisamente para estos casos (yo lo he vivido en la Facultad de Ciencias Políticas) está previsto que el Rector pueda designar un sustituto. Pensamos que esa sería la mejor opción por el bien de la democracia en las elecciones a Rector del próximo 6 de abril.