Han pasado ya siete años y aún se nos encoge el corazón cuando leemos o escuchamos que es 11 de marzo, fecha que ha quedado marcada para siempre en el corazón de todos los madrileños, y por ende de todos los Complutenses.

Pocas horas después de la noticia y en un silencio sobrecogedor, muchos compañeros complutenses, sin distinciones, nos unimos por unos largos minutos junto a la estatua de los Portadores de la Antorcha, el centro sentimental de nuestra Universidad. Entre los que allí nos encontrábamos recuerdo, entre tantos cientos, la presencia de uno de mis adversarios por el Rectorado de la Universidad, el profesor José Carrillo.

Imagino que cada madrileño tiene un recuerdo doloroso asociado a aquel día, a aquellos días. El mío es el continuo sonido de las ambulancias mientras permanecíamos en silencio en esa plaza. Más tarde sabríamos que tres de las víctimas estaban relacionadas directamente con nuestra Universidad: Milagros Calvo, estudiante de Derecho, Angélica González, estudiante de Filología Inglesa y Juan Carlos del Amo, investigador en la Facultad de Ciencias Químicas. La suerte quiso que ese día hubiera convocada una huelga que dejó a muchos complutenses, seguro, sin coger aquellos trenes.

Muy cerca de donde estábamos aquel día, frente al Edificio de Alumnos, se alza hoy un monumento en recuerdo de todos ellos. Su existencia mantendrá esa memoria permanentemente, aun cuando el tiempo difumine el dolor que entonces sentimos. Pero valga la fecha de hoy para, simplemente, testimoniar nuestro recuerdo.