Anoche tuvo lugar, como ya comentamos en twitter, el primer debate entre los candidatos a estas elecciones a Rector. La idea de celebrar debates y convocar a los candidatos a los mismos, más allá del debate “oficial”, ha surgido de un grupo de colegios mayores, con el impulso principal del Colegio Mayor Roncalli, concretamente en la persona de su Directora. Es una idea que me gustaría agradecer: engrandecer el debate, ampliarlo, solamente puede mejorar la calidad democrática de estas elecciones, ayudando a esclarecer la posición de todos nosotros no sólo sobre los grandes temas de la Universidad, sino sobre algunos de los más candentes y actuales.

Este primer debate tuvo lugar en el propio C.M. Roncalli, donde he de decir que los organizadores nos trataron muy cariñosamente. Acudieron más de 100 personas, lo que da idea del interés que despierta el tema. Desgraciadamente no pudimos contar entre los asistentes ni con el profesor Andradas ni con el profesor Perdices. Aunque ambos excusaron su presencia, no se ofreció razón alguna para esas ausencias, que dejo a la interpretación de cada uno.

El debate consistió en un turno inicial de siete minutos para candidato, por orden alfabético, tras el cual se abrió un turno de preguntas. La primera cuestión fue sobre el lamentable incidente que se produjo en la capilla del campus de Somosaguas la semana pasada. Una estudiante de Farmacia mostró su preocupación por el tema y nos preguntó nuestra postura al respecto a los candidatos, sobre todo para prevenir futuros conflictos de este tipo.

Ante todo, expresé mi condena de los hechos, que me entristecieron enormemente por la falta de respeto que suponen para los creyentes y para la comunidad universitaria en general. No es aceptable en nuestro entorno, que se debe caracterizar por el debate de ideas bien fundamentadas, se atente contra los derechos y libertades de los demás. La libertad religiosa es uno de los derechos individuales reconocidos en nuestra Constitución, por lo que resultan especialmente graves las acciones que atentan contra ella.

En segundo lugar, semejante atentado no puede legitimar precisamente que, en este momento, se abra el debate sobre si debe haber o no, y cuántas o de qué confesiones, capillas en la universidad. Sería dar la razón a los violentos. Sólo en un entorno de sosiego y diálogo pueden plantearse estas cuestiones, no cediendo a la presión de un grupo minoritario.

Y por último, quise expresar mi pesar por el hecho de que buena parte de los estudiantes involucrados en los hechos pertenecen a mi Facultad. Se aglutinan en torno a dos asociaciones que ya provocaron algunos incidentes inaceptables durante mi mandato. Además, disfrutando estas entidades del uso de locales propios en nuestro edificio, en los que nadie perturba su actividad, el mismo respeto debe exigírseles hacia los demás, aunque no sostengan sus mismas ideas. Añadí mi convencimiento de que nuestros actuales dirigentes no están haciendo lo suficiente para defender los derechos de los universitarios en este caso.

La verdad es que fue muy gratificante que el resto de intervinientes en el acto coincidieran con mis planteamientos, por lo que descubrí que nuestro consenso en este asunto es prácticamente completo.

Tras esto únicamente se pudo realizar otra pregunta más, referente al deterioro y los desórdenes que provocan algunas fiestas (el conocido “botellón”) en las instalaciones de la Universidad. Reiteré entonces la postura que siempre he defendido en torno a este asunto, como es conocido: las fiestas que pueda haber en el campus han de estar autorizadas, y controladas por las asociaciones universitarias que las convoquen, tal y como se hace en los campus más prestigiosos del mundo.

Me gustaría señalar, como comentario general, que todos los candidatos expresamos una preocupación, creo que fundada, por la desmotivación y apatía que detectamos en torno a estas elecciones: la mayor víctima de esta desidia por parte de nuestros rectores puede ser, desgraciadamente, la participación. Aunque haré alguna reflexión más específica en unos días sobre este punto, quisiera ahora expresar mi sorpresa por que no se esté realizando ninguna campaña (repito, ninguna) para incentivar el voto, especialmente de los estudiantes. No me parece fruto del descuido, ni una actitud políticamente inocente.

Por último, agradecer especialmente el tono en el que se desarrolló el debate, con mucha cordialidad entre los candidatos (lo que dio lugar incluso a alguna broma entre los presentes), con la cortesía idónea para un debate universitario. Espero que esta ocasión se repita el mayor número de veces posible.